Cuando trabajaba como voluntario en un hospital, conocí a una niñita llamada Liz quien sufria de una extraña enfermedad.
El dudó por sólo un momento antes de dar un gran suspiro y decir:
"si, yo lo haré- ......si eso es lo que salvará a Liz......"
Mientras la transfusión continuaba, él permanecía acostado en una cama junto a la de
su hermana, sonriente, mientras nosotros veíamos retornar el color a las mejillas de la niña.
Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció; mirando al doctor, le preguntó con voz temblorosa:
"¿ a qué hora empezaré a morirme?"
Al ser sólo un niño, no había comprendido al doctor: él pensaba que le donaría toda su sangre a su hermana, y aún así, pensando en que tendría que morir, había aceptado.......
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